Ciudadanía responsable, con Reyes Montiel y Jordi Cirera

En esta mesa trataremos el uso de los sensores en la ciudad, ya sea a través de la medición de elementos clave de la actividad diaria, como en la propia acción del ciudadano sensor que, compartiendo la información que él mismo genera, ayuda a toda la comunidad y, de esta forma puede participar en la mejora de los servicios públicos y la definición de la políticas públicas.
 

A partir de esta imagen tan sugerente Bansky donde se hace un alegato crítico de la unión entre móvil y persona, nos preguntamos sobre el nuevo papel del ciudadano siempre conectado. 
Reyes Montiel 

Todo el mundo sabe qué es un activista, o un ciudadano crítico, pero, ¿qué es un ciudadano responsable? Por ejemplo, ¿se puede ser responsable siendo desobediente? Eso al menos es lo que han hecho en La Atalaya, donde jóvenes de Madrid recuperan un espacio que el Gobierno no cuida. Reyes opina que ser responsable tiene que ver con los valores.

En nuestra sociedad hay cuatro ámbitos que debemos tener en cuenta: tenemos un mercado, un tejido productivo, un espacio común, está lo público, la Administración. Todos tienen una correspondencia con un ciudadano responsable y una evolución, con unos nuevos valores.

Por ejemplo, existe el mercado y existe el consumidor. Estos últimos quieren que las empresas satisfagan sus demandas. Pero también existe la evolución «Tejido» y «Prosumidor». El prosumidor consume y produce. También existe lo público y los ciudadanos. Estos son los receptores, normalmente sin su participación.

Sin embargo, para el espacio colectivo no tenemos nombre de su ciudadano evolucionado, con aquel que se implica. Sí que existen iniciativas, por ejemplo tyze, que pone en contacto a empresas, gobiernos y ciudadanos para mejorar la vida en común.

La creatividad está fuera, e incluso la política está ya fuera de las organizaciones políticas. Hay más ejemplos: Eco es una empresa solar sin ánimo de lucro; o coop57 da crédito a estas ideas. En Rivas, la gente puede cultivar en una parcela sólo cultura ecológica y el Ayuntamiento crea un mercado semanal para que vendan sus productos.

Debemos buscar aquellos intereses que trascienden lo público hacia lo colectivo. Necesitamos otro tipo de Administración. Hay que hibridarse y conseguir una Administración plataforma: que los ciudadanos accedan a aquello que necesitan, que los servicios no sean públicos sino colectivos. Los gobiernos no pueden atender rápidamente a nuestras demandas sin nosotros. Las respuestas de los ciudadanos deben ser oídas.

Hay todo un camino, de ensayo y error, sin miedo. Si alguien se equivoca colectivamente, se puede arreglar; si lo hace un Gobierno sólo, no hay marcha atrás.

 
Reyes Montiel | TrendSpain 2015 from trendspain

Jordi Cirera

Jordi Cirera no entiende a la ciudad sin ciudadanos. Las ciudades no se basan en edificios. Todos los ciudadanos nos hemos olvidado de que la Administración la hemos creado nosotros para ofrecernos servicios a nosotros. Debemos reivindicarlo, creérnoslo. 


También erramos a menudo cuando pensamos en nuestros políticos. Un político es un estratega, ni más ni menos. Tiene una visión largoplacista de su sociedad. No necesitamos más técnicos, sino más políticos. Por ejemplo, en una ciudad italiana que tuvo elecciones hace 4 años, donde ganó un equipo de técnicos, al pasar los meses vieron que no sabían dónde iban. Necesitaban visión. 


Del mismo modo, hay la costumbre de que la Administración vaya de arriba a abajo, sin preguntar a los ciudadanos: las elecciones son un cheque en blanco. Pero debemos exigir más participación. En Barcelona, hubo una consulta ciudadana, la de la Diagonal. Participaron 200.000 personas. Era algo que tocaba a las personas, a su día a día. Sin embargo, salió un rotundo «no». Zapatero acababa de hablar de recortes y la gente estaba enfadada. Se votó contra el establishment. Fue un primer intento, que no se repitió nunca. Casualmente, ahora, sin consultar con nadie, se está reformando la Diagonal. Esas consultas, por muy democráticas que sean, dependen del contexto. Por ejemplo, si hubiera un atentado y se votara endurecer las leyes, probablemente se votaría incluso a favor de la pena de muerte. 


Debemos hacer un cambio en la sociedad. Debemos cambiar la manera de hacer las cosas; tener en cuenta que la participación está bien, pero que los ciudadanos no pueden responder a todas las preguntas. Por ejemplo, a nadie se le ocurrió preguntar, antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona, si los ciudadanos querían que se cambiara el urbanismo de la ciudad para crear el nuevo barrio del Poble Nou. Debemos pensar: ¿se puede preguntar cualquier cosa? Lo importante es respondernos esa pregunta.


Necesitamos sentarnos ciudadanos y funcionarios, y políticos, para definir cómo hemos de funcionar. Ni votar cada cuatro años, ni cada noche


En Barcelona se quiere participación, pero no se paga por apps, sino que se montan hackatones. Se debe dar juego a gente con visiones diferentes, unas visiones que desde el Ayuntamiento no se tienen.

Hoy en día tenemos herramientas que nos permiten hacer cosas. Desde las administraciones se debe actuar como facilitadores de procesos participativos, mediante el open data, y preguntar ¿qué podéis hacer con esto? Y se van a hacer cosas.


Nos vamos a equivocar, pero hay que hacerlo; poco a poco, con errores y mejoras. Y ese cambio debe liderarse desde las instituciones políticas. Aunque se exija desde abajo, no es factible conseguirlo sin la clase política.



 

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